Corría del ruido
de las calles, de los abismos contaminantes, de los callejones y de los
ladridos hambrientos de los perros.
No eran más de
las 11 de la noche, y ya se encontraba en un mundo de colores y esencias,
estaba totalmente drogado, perdido, desahuciado, no recuerda si quiera cómo era
sentirse cuerdo. Percibía a donde quiera que fuese una especie de aroma, de
ser, de sabor, de color, de sonrisa, en fin, algo particular; trastabillando y
como pudo se sentó en la acera y esperó a que los ruidos se calmaran, a ver si así
se ponía menos perturbado. Revisó los bolsillos de su jean oscuro, saco unas
cuantas monedas y nada más, - Que asco- se dijo.
Se sentía
húmedo, a pesar de que no había llovido, comenzó a tocar su cuerpo encontrándose
inusualmente dolorido; la cara de extrañeza se hizo notar. Al fondo de la calle
unos tacones entraron en escena *clac clac clac. Libremente saltaban de un lado
a otro, como quien era feliz, inquieto, inoportuno.
Cada vez que viene al recuerdo lo que consumió, la impaciencia se despierta, se hacen eternos cada uno de los suspiros, las estrellas vuelven a caerle en la cabeza y los ojos se desorbitan; con el impulso menos convincente intenta ponerse de pie y cae al suelo cuando tiene la intensión de correr, resultando con su espalda tocando el frío pavimento y viendo como el universo gira sobre su cabeza. Empieza a sonar un chasquido. Al levantar levemente la cabeza observa que alguien rompe su gabán, despedaza el jean, y empieza a desgarrar su carne, lentamente le consume, la droga hace que ese dolor sea placentero, empieza a lanzar sonrisas inquietas, sus manos se empuñan y golpean el suelo, su columna en forma curvilínea intenta retorcerse; entre los azares de su frenesí percibe como es observado por unos ojos inmensos que le hacen sentir efervescencia en el pecho, en el estómago, en donde le desgarran. Es un completo baño de espuma y burbujas.
Esa mirada
encarnizada no fue lo único que llamó su atención, la boca atiborrada e
impregnada de carne y lo que pareciese jugo de uva daban impresión de un hambre
insaciable, sus mejillas estaban rellenas de él, sus ojos evidenciaban con
brillos y luces el cómo le disfrutaba, como
convulsionaba de placer. No podía ponerse de pie, el peso de su cuerpo
lo tiene atorado. Introducía lentamente sus
manos al bolsillo, monedas, nada más. Hasta que se libera aprovechando que
aquella fémina invasora, de rostro divinamente diseñado, de cabello largo y
mirada infernal, reflejando un orgasmo en sus ojos caía desahuciada.
Se levanta como
puede, ahora le zumban los oídos, trata de correr, aún consciente de que se quedó
atrás parte de él. Unos pasos más
adelante cae, se desploma. De rostro al suelo… desfallece. *silencio*
Minutos u horas después abre los ojos, y mueve sus dedos húmedos, coordina, ahora un pie, bien, ahora la boca desdibujando una sonrisa, bien, bueno un brazo, bien; se pasó el efecto, totalmente, se sentía limpio, alejarse fue suficiente o dormir, o morir fue lo que limpió sus venas. Pero en principio correr tanto como podía, bastó; igualmente esa droga no era para siempre, aunque le dejo indefenso, lo justo para ser devorado a tientas.
Esa paz… no era
suficiente, no estaba bien, el hecho de que moviera su cuerpo no dice nada, el
sueño ya no era suficiente, y esa paz… ¡era insoportable! En definitiva, era
adicto, incoherente, insaciable, masoquista.
Corría tanto
como podía, el sonido de los tacones no estaba, las calles habían quedado en
silencio, y los perros… al parecer dormían, todo daba vueltas sobre su cabeza,
ahora no sólo el universo, si no la ciudad entera; corrió tanto como pudo, el
vaho de su boca dejaba una largo rastro a su paso, de un lado a otro, entre
tantos callejones sin salida en donde recuperaba por unos segundos el aliento, hasta
que ahí estaba, lista, sumisa, precisa, con cabello oscuro, labios rojos,
sonrisa ancestral, infalible, expectante, queriendo ser consumida, por las venas, por
los ojos, por la boca, como fuese necesario.
Toma un último aliento y corre en un impulso inhumano, y si… volvió a
drogarse, la consumió como mejor sabía
hacerlo… Le hizo el amor.
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